septiembre 16, 2026
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Anthropic, la empresa de IA que se enfrentó al Pentágono en EE.UU. y por qué esto nos concierne a todos

(Hit 103.7 FM) – Mientras el mundo observaba la operación estadounidense en Venezuela y cómo la guerra con Irán se hacía inevitable, en Washington se iba fraguando una batalla que advertía que el futuro profetizado durante siglos ya es presente.

Una empresa de Inteligencia Artificial (IA) de Silicon Valley le dijo no al Pentágono y este la trató como si fuera enemiga del Estado. No obstante, su tecnología de IA seguía siendo usada, porque el ejército de EE.UU. no podía darse el lujo de prescindir de ella.

Eso es lo que pasó entre Anthropic y el Departamento de Defensa en las últimas semanas. Y aunque suena a disputa corporativa, es mucho más que eso.

Es la primera vez que una empresa de IA enfrenta a un aparato militar, negándose a eliminar los límites éticos de su tecnología.

El enfrentamiento dejó preguntas en el aire que nos atañen a todos: ¿Hasta dónde ya estamos delegando decisiones irreversibles y letales en las máquinas? ¿Quién decide cómo se usa la IA?

No son preguntas retóricas. Expertos de de la Universidad de Oxford advierten que este episodio «revela brechas de gobernanza de larga data en la integración de la IA en operaciones militares, brechas que preceden a esta administración y sobrevivirán a la controversia actual».

¿Por qué, si la humanidad lleva tanto tiempo temiendo llegar a este punto, aún hay tal vacío en la gobernanza de la IA?

Se trata de un vacío que Logan Graham, líder del equipo rojo de Anthropic, el cual analiza los peores escenarios de la tecnología, desde ciberataques hasta amenazas de bioseguridad, conoce de cerca.

En julio de 2025, firmó un contrato de US$200 millones con el Departamento de Defensa, el primero de su clase: un laboratorio de IA que integra sus modelos en flujos de trabajo de misiones en redes clasificadas.

El CEO de Anthropic, Dario Amodei, lo justificó en un ensayo publicado en enero de este año.

Anthropic, escribió, apoyaba a las fuerzas militares y de inteligencia estadounidenses porque «la única manera de responder a las amenazas autocráticas es igualarlas y superarlas militarmente».

Y añadió: «La formulación a la que he llegado es que debemos usar la IA para la defensa nacional en todas las formas, excepto en aquellas que nos harían más parecidos a nuestros adversarios autocráticos».

En concordancia, el contrato con el Pentágono trazaba dos «líneas rojas»: Claude no podría usarse para vigilancia masiva doméstica ni para armas completamente autónomas.

Esos límites infranqueables no son arbitrarios; se sustentan en un documento de la empresa que funciona como su «alma».

Su objetivo declarado es «evitar catástrofes a gran escala», incluyendo la posibilidad de que la IA sea usada por un grupo humano para «tomar el poder de manera ilegítima y no colaborativa».

Amodei también argumentó ante el Pentágono que «los sistemas de IA de vanguardia simplemente no son lo suficientemente confiables como para impulsar armas totalmente autónomas».

En sentido estricto, no hablamos de armas que decidan por sí solas a quién matar; en este contexto, «autonomía» significa que un sistema pueda cumplir ciertos objetivos por su cuenta -o con mínima supervisión humana- en entornos complejos.

Pero sí existen sistemas automatizados que ayudan a tomar decisiones sobre ataques. Y los expertos en inteligencia artificial advierten de un problema conocido como «sesgo de automatización»: cuando las reglas de uso son vagas, los humanos tendemos a confiar en las recomendaciones de la máquina más de lo que deberíamos.

La IA no reemplaza el juicio humano de golpe: lo va erosionando poco a poco, hasta que el operador deja de cuestionarla.

En una situación tensa, si el sistema -que sabes que analizó una cantidad inmensa de información- señala en la pantalla unos pocos píxeles como un objetivo urgente, es fácil aceptar su recomendación sin dudar lo suficiente.

O si un sistema de reconocimiento facial señala a alguien en medio de la multitud, es probable que un agente de seguridad confíe en el resultado y proceda al arresto.

Hay precedentes concretos: en múltiples ocasiones documentadas, varios departamentos de policía en EE.UU. terminaron arrestando personas equivocadas.

Eso resuena con la otra línea roja que enfureció al gobierno de Trump, la de la vigilancia masiva, que toca la vida cotidiana de personas que no están en ninguna zona de guerra.

Cabe anotar que Anthropic se opuso específicamente a la vigilancia masiva de ciudadanos estadounidenses. Su postura no es universalista. Pero el principio que la sustenta sí tiene un alcance más amplio.

Y cobra urgencia porque, en paralelo a este conflicto, el gobierno estadounidense anunció planes de usar IA a través de Palantir para apoyar las operaciones de ICE -la agencia de inmigración- rastreando ubicaciones en tiempo real e historial financiero de personas indocumentadas.

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